Los robots se enfrentan al reto de la asistencia domiciliaria a mayores

Las personas de 65 años o más constituyen el grupo demográfico de mayor crecimiento en España. Sin embargo el crecimiento de cuidadores de ancianos no sigue el mismo ritmo. Según una estimación, en 2030 habrá un déficit de 151.000 cuidadores remunerados en Europa. Para 2040, se prevé que ese déficit aumente a 355.000.

No es fácil encontrar una solución tecnológica a este problema que sea rentable, que apoye a los trabajadores de la salud sin quitarles su trabajo. También que atienda de forma fiable las necesidades sociales, emocionales y físicas de las personas mayores de una manera que respete su dignidad y privacidad.

Robots en centros asistenciales

En la actualidad hay tantos tipos de robots que se utilizan en los centros asistenciales como tareas que deben realizar. Ya existen exoesqueletos robóticos que ayudan al personal a levantar a los pacientes de forma segura, y robots de reparto que recorren los pasillos del hospital como carros motorizados de servicio de habitaciones. Los robots terapéuticos, parecidos a muñecos, reconfortan y calman a los pacientes agitados por los síntomas desorientadores de la demencia.

 

«Steve», el robot que revoluciona la asistencia a domicilio para personas mayores

Existe un robot de 1,2 metros y 7 pulgadas está equipado con navegación autónoma. Puede circular por los pasillos delas residencias sin ayuda, aunque por razones de seguro -y para evitar incluso el remoto riesgo de una colisión en una comunidad en la que las caídas pueden poner en peligro la vida- el robot nunca sale de su habitación sin un manipulador. El comando de voz «Hey Stevie» activa el robot, de forma similar a como la palabra «Alexa» activa el asistente doméstico de Amazon. Stevie responde a otras palabras con el habla, gestos y movimientos de la cabeza. Dígale al robot que está enfermo, por ejemplo, y se inclina hacia delante con un ceño apenado en su cara de pantalla LED y dice «Lamento escuchar eso». Si le haces un cumplido a Stevie, la pantalla vuelve a sonreír. Cuando está en reposo, su cabeza se inclina suavemente y sus ojos marrones digitales parpadean, esperando pacientemente la siguiente orden.

Un robot como Stevie puede ser útil en las residencias de ancianos de muchas maneras. Algunas son bastante sencillas y prácticas: por ejemplo, su cara puede hacer las veces de pantalla de videoconferencia, lo que permitiría a un residente chatear por vídeo con un médico o un familiar, o a un miembro del personal con un residente en otra parte del edificio. Es posible que una versión posterior de Stevie pueda ir de puerta en puerta tomando pedidos de comida en el accesorio de pantalla táctil que puede montarse en su cuerpo.

Otras funciones podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El robot puede reconocer órdenes de voz como «ayúdame» y, si se integrara completamente en el sistema informático de Knollwood (un paso que los ingenieros optaron por posponer por cuestiones de privacidad y normativa), el robot podría alertar al personal de un residente en apuros.

El prototipo fabricado se diseñó deliberadamente como una especie de robot de todos los oficios. La idea era que los investigadores observaran cómo interactuaban los residentes con la actual iteración de Stevie, para luego volver al laboratorio y perfeccionar las funciones que la gente parecía querer más de él.

El rol de los robots en la asistencia a personas mayores

Se espera que los robots se introduzcan en los entornos en los que pueden atender a las personas mayores más rápido de lo que lo han hecho. Para que los robots se conviertan en una parte más importante de estos cuidados, no sólo es necesario el desarrollo tecnológico, sino un cambio social en el que participen los cuidadores, las personas mayores, la comunidad médica y las aseguradoras. En su opinión, lo mejor será construir robots de uso general que puedan ayudar a diferentes tipos de personas en una amplia variedad de tareas. Este enfoque debería hacerlos menos costosos y capaces de funcionar mejor que si se construyen especialmente para prestar sólo unos pocos servicios a un grupo limitado de personas, argumenta.

El principal reto que ve reside en enseñar a los robots a actuar con las personas. «Si queremos que los robots desempeñen un papel más activo y sean más autónomos, ¿cómo podemos darles el sentido común para que no hagan algo realmente tonto?», se pregunta. «Si realmente queremos alcanzar todo el potencial de los cuidadores robóticos, tienen mucho que aprender».

Los avances en inteligencia artificial están ayudando a los robots a modelar y comprender mejor las situaciones del mundo real. «Como humanos, algo que nos ayuda a ayudar a los demás es toda una vida de experiencia haciendo cosas por nosotros mismos. Tenemos un sentido de la sensación de las cosas, y de lo que funciona y lo que no». Los robots no tienen este mismo sentido común, y es un gran obstáculo para que ayuden de forma autónoma de maneras más sofisticadas.

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