Solo un 4% de las personas mayores quiere vivir en residencias de ancianos
Cuidadores a domicilio en Calpe

Solo un 4% de los adultos mayores quiere vivir en residencias, asegura la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). 

La sociedad científica de geriatría (SEGG) realiza encuestas de opinión en residencias de forma periódica y tiene como objetivo conocer mas de cerca qué piensan las personas dependientes.

Mejor en tu casa también ha realizado una encuesta representativa a 1.000 personas de entre 70 y 84 años, con el fin de saber dónde prefieren los mayores españoles pasar sus últimos años de vida, llegando a la conclusión que mas del 90% de los mayores españoles tienen intención de quedarse en casa tanto tiempo como pueda.

En el Foro de Debate organizado por la Residencia de Mayores Clece Vitam San Antonio, filial de ACS, titulado “La evolución del cuidado a los mayores. Un viaje hasta la profesionalidad”, acogió a multitud de profesionales del sector para charlar sobre la situación vivida en estos meses por las instituciones geriátricas, Esther Aretxabala, gestora de proyectos en la Fundación Cuidados Dignos, quien intervino en el coloquio, cree que en la asistencia a ancianos “se ha pasado de un sistema privado, en el que primaba la seguridad por encima de la individualidad y libertad de la persona, hacia un modelo más humano, en el que prima la atención centrada en la persona».

José Augusto García Navarro, presidente de la SEGG, explica a Efe la gran necesidad que existe actualmente por potenciar el Servicio de Ayuda a Domicilio con horarios más amplios y garantizar que se cubran todas las franjas, incluyendo fines de semana.

Confinamiento gradual y efectos en las personas mayores

La restricción de la movilidad y del contacto social a raíz de la crisis del Covid19 está teniendo importantes repercusiones negativas en las personas mayores, aseguran desde SEGG.

Síntomas como empeoramiento del alzheimer en personas enfermas de demencia senil o pérdida del sentido de la vida y motivaciones vitales. La restricción del contacto social favorece la aparición de trastornos afectivos como el síndrome de ansiedad, la distimia o la depresión.

El confinamiento y las limitaciones de movilidad asociadas al mismo, favorecen el sedentarismo y, por lo tanto, la fragilidad corporal y motivacional de las personas mayores.

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